Amelia.
Ares tomó mi cuello con delicadeza, y unió su rostro con el mío sin dejar de mirarme a los ojos. Como si tuviéramos la conexión de toda la vida de nuevo.
Yo quería gritar entre la emoción y la nostalgia que me sacaba esto. Y aunque estaba excitada y extasiada por vivir este momento, sabía que mi mayor emoción, era este corazón que volvía a latir de verdad.
Con fuerza, con amor, con esa emoción que había olvidado.
No había dejado de amar a Ares ni un solo segundo. No había dejado de