Ares Miller.
No fue como la primera, ni la segunda, ni mucho menos aquella noche de rapidez y de deseo descontrolado. Esta vez era como si el tiempo se detuviera teniendo misericordia de mí, de todos mis sentidos contrariados, de mis restricciones, y la rabia contenida durante tanto tiempo, que de alguna forma había cambiado.
Un hombre no describía a ciencia cierta sus sentimientos. Teníamos palabras cortas, como si o no, y básicamente, en la mayoría de veces, prefería uno mostrar de lo que e