La mañana después de la revelación completa del cap. 44 la pasé en la cocina.
No porque tuviera hambre. Porque necesitaba un espacio que no fuera el despacho, no fuera la sala sellada, no fuera ninguno de los cuartos que en las últimas semanas habían acumulado demasiado significado.
La cocina es neutral. Huele a café y a piedra fría. Tiene una mesa que mide lo suficiente para extender documentos.
Extendí los del testamento. Los apuntes del diario de mi padre. Lo que Perla me dijo anoche en el p