La primera vez que falló, Dante no dijo nada.
La segunda, tampoco.
La tercera, se cruzó de brazos con la postura de quien está procesando si la metodología es el problema o si el problema es más básico, y dijo:
—Otra vez.
—Llevo media hora haciéndolo.
—Y llevas media hora llegando al 60%. El número que necesitas es 100. —Una pausa—. Otra vez.
Valentina respiró.
Los dos sabían que esto no era lo que había aprendido a hacer en los primeros meses. La proyección inicial era una emisión de presencia