La bodega olía a tierra comprimida y a madera que lleva décadas absorbiendo humedad sin secarse del todo.
Perla bajó primero con la linterna.
Yo la seguí.
El peldaño de piedra crujió bajo mi peso en el tercer escalón — el mismo que según Perla había crujido desde que tiene memoria, y que nadie había reparado porque nadie lo usaba lo suficiente para que importara.
El olor de la bodega era el olor de lo que lleva mucho tiempo cerrado: tierra apretada, madera vieja, el frío que las bodegas de pied