Al día siguiente fui yo.
Dante tenía pendiente un trabajo en los establos que llevaba posponiendo. Sael estaba revisando los documentos de la evaluación con el notario que Luciano había contratado para el proceso.
Nadie disponible, ninguna razón para esperar. Luciano me había dicho que no fuera sola, y esta mañana había enviado un mensaje diciendo que estaría en el despacho del notario hasta mediodía.
El corredor exterior del segundo piso —la pasarela de piedra volcánica que comunicaba el ala d