El registro civil del municipio de San Cristóbal de las Piedras abría a las nueve de la mañana y cerraba a las dos.
Tenía que firmar tres documentos relacionados con el traspaso de titularidad de dos parcelas del límite norte de la hacienda, la clase de trámite que Luciano normalmente gestionaba pero que esta vez me pidió que hiciera yo misma porque el nombre del registro tenía que ser el mío y la presencia física también.
El pueblo tardaba cuarenta minutos desde la hacienda en el coche de Perl