El mensaje llegó a través de Zuri, como siempre.
Un texto en el teléfono, a media mañana, sin preámbulo: "Teo está en el límite del camino. Dice que tiene algo para ti. Dice que es urgente. Yo no sé si creerte, pero aquí estoy por si quieres que me quede."
Tardé treinta segundos en decidir.
No era tiempo de deliberación: era tiempo de verificar que la decisión que ya tenía era la correcta. Quería escuchar lo que Teo tenía para decir.
No porque confiara en él. Sino porque rechazar información po