—Necesito que me guíes —dije.
Sael levantó los ojos del documento que estaba revisando.
—¿Ahora?
—Cuando puedas. Hoy.
—¿Para qué?
—Para leer mi propio estado desde afuera.
Sael cerró el documento.
La sesión empezó en la biblioteca, que era el espacio que habíamos usado para todo el trabajo de percepción desde el principio del juicio.
Sael puso dos sillas frente a frente. Cerró la puerta. La temperatura del cuarto era constante y sin ruido exterior: las condiciones que habíamos aprendido que pro