Teo Aldave tenía la postura del que lleva décadas ocupando espacio con autoridad y que de repente descubrió que la autoridad no era suya sino prestada.
Lo vi antes de que me viera a mí.
Sentado en el café de la plaza del pueblo, con una taza frente a él y la expresión específica de quien no espera a nadie en particular pero tampoco sabe qué hacer con el tiempo disponible.
Zuri estaba a su derecha, cuaderno abierto, bolígrafo en la mano. Sin escribir.
Los dos levantaron los ojos cuando entré.
Zu