La carpeta con el expediente completo de Crisanto al Consejo de Estirpes llegó a mis manos a las tres de la tarde del tercer día.
Luciano la depositó sobre la mesa del despacho sin comentario.
—Tómate el tiempo que necesites —dijo.
—¿Cuánto tardaste tú en leerlo?
—Dos horas. Lo leí tres veces.
—¿Conclusión?
—La mía primero. Luego la tuya.
Se quedó de pie al otro lado de la mesa mientras yo abría la carpeta.
Lo leí en el orden en que Crisanto lo había construido.
No el orden cronológico que Luci