POV SCARLETT
El silencio que siguió a la noticia de Mateo fue más aterrador que cualquier explosión. Klaus estaba inmóvil, su mano apretando el respaldo del trono de caoba con tal fuerza que la madera empezó a astillarse bajo sus dedos. Sus ojos azules ya no eran humanos; eran dos faros de una furia ancestral que amenazaba con devorar la habitación entera.
—Arthur… —susurró Klaus, y el nombre sonó como una maldición escupida desde el fondo de una tumba—. Debería haberle arrancado el corazón con