POV SCARLETT
El despacho de Klaus en la mansión olía a incienso caro, pólvora residual y ese aroma a cuero viejo que siempre me recordaba al poder absoluto. Habían pasado veinticuatro horas desde la carnicería en el almacén de los Volkov. Mi cuerpo todavía conservaba las marcas de los dedos de Klaus en mis caderas y el ligero escozor de la piel donde su barba me había rozado en el coche, pero mi mente estaba en otro lugar.
Estaba fija en la caja de madera de caoba que descansaba sobre la mesa d