POV SCARLETT
El aroma a café y vainilla de la mañana desapareció en un instante, reemplazado por el olor metálico y caliente que conocía demasiado bien: sangre fresca.
No habíamos llegado ni a la mitad del pasillo principal cuando las puertas de la mansión se abrieron con un estruendo. Mateo entró cargando a uno de los guardias del perímetro exterior. El hombre no tenía media cara; una ráfaga de escopeta le había arrancado la mandíbula y parte del hombro, dejando un rastro de vísceras y fluido