POV SCARLETT
El amanecer en Moscú entró por los ventanales de la habitación como una caricia de plata fría. Me desperté envuelta en el calor de los brazos de Klaus, sintiendo el peso de su cuerpo protector contra el mío. Mi cuerpo todavía conservaba el eco de la rudeza de la noche anterior; cada músculo me dolía con una intensidad deliciosa, un recordatorio físico de que el Zar me había reclamado hasta la última fibra de mi ser.
Me giré lentamente entre sus brazos para observarlo mientras dormí