POV SCARLETT
El minuto que le di a Klaus para llegar a la habitación se sintió como una eternidad, cada segundo estirando la cuerda de la tensión hasta el límite. Entré en nuestra alcoba, cerré la puerta con llave y me apoyé contra ella, esperando. Mis sentidos estaban a flor de piel; podía oír el rugido de su impaciencia en cada uno de sus pasos al subir las escaleras, la respiración agitada que lo delataba.
Sabía lo que venía. Y por primera vez, no era él el que dictaba las reglas. Esta noche