No sé de dónde saqué el valor para responderle, pero lo hice.
—Sí sé por qué estás aquí —dije—, tú también lo sabes. Ambos sabemos por qué no atendía las llamadas y ambos sabemos por qué estás aquí. Listo, caso cerrado.
—Te crees muy lista, ¿eh?
Sonreí, a pesar de que estaba nerviosa y asustada.
—Algo así, hmm… —respondí con una sonrisa.
Me soltó el mentón mientras daba un paso atrás y comenzó a deambular por mi habitación: tocando cosas, curioseando en mi cómoda, mirando mis fotos. Me pus