—Tienes razón. Te usé... —respiré hondo y cerré los ojos. Sabía que él no podía verme, pero tenía que hacerlo—. Quiero decir, ¿quién... quién no lo haría? Eres el hijo del Don. Vas a ser el próximo heredero. Lo tienes todo. Mi familia viene de la nada. Y yo sabía que tener tu atención... por pequeña que fuera... iba a hacer maravillas por mí. Maravillas por mi familia. Maravillas por mi padre.
Forcé la frialdad en mi voz mientras continuaba.
—Ibas a darle a mi padre un ascenso pronto, antes de