Ariella
Me apoyé ligeramente contra la pared.
—Creo que cuando llegó aquí, todo lo distraía. La casa, el cambio... todo. Pero sé que tarde o temprano eso no será suficiente.
Maria asintió.
—Es bueno que le estés dando algo estable.
—Exacto.
Ella sonrió.
—Muy bien. Te dejo. Voy a desayunar y a escuchar las historias de Leon sobre su carrera matutina.
Asentí.
—Y yo voy a buscar una habitación para convertirla en el salón de clases de Leon —añadí.
—¿Qué tal la biblioteca? —sugirió ella.