Suspiré.
—Está bien, de acuerdo. Supongo que iremos al espectáculo de los Muppets.
—¡Súper! —gritó Leon, corriendo hacia el interior de la casa—. ¡María! ¡María! ¡Vamos a ir a los Muppets con Rosie!
Me volví hacia Alan, quien seguía allí de pie con una mirada engreída.
—Bueno… gracias por los boletos —le agradecí—, y por la invitación. Supongo que nos vemos en dos horas.
—Excelente —dijo él, y luego me guiñó un ojo.
Dios. Me guiñó un ojo.
Me estaba volviendo loca. Se dio la vuelta y se ma