Luca se marchó y yo me quedé atrás.
El departamento estaba en silencio. Demasiado silencio. No fue sino hasta alrededor de la hora del almuerzo que la quietud empezó a desgastarme. No tenía teléfono. No tenía forma de contactar a nadie. Sin distracciones. Solo… silencio.
Por puro aburrimiento y frustración, deambulé hacia la cocina. No estaba exactamente enojada, solo inquieta. Empecé a hurgar en los gabinetes, esperando encontrar algo que me hiciera sentir menos sola. Para mi sorpresa, encont