Asentí, tragándome la amargura.
—Está bien… ¿y ahora qué? ¿Solo esperamos aquí hasta que venga Leon? Pensé que ibas a ir por él.
—Sí, yo no me voy a quedar aquí —respondió él, girándose hacia la puerta.
—¿Me vas a dejar aquí sola? —pregunté, mirando a mi alrededor en el frío y poco acogedor departamento.
Él ladeó la cabeza con una sonrisa burlona.
—Vaya. ¿Eso que escucho en tu voz es disgusto?
—No es disgusto —murmuré—. Este lugar simplemente… me da escalofríos.
—Hmm —dijo él, divertido—.