El dolor fue lo primero que sintió Lilith al recuperar la consciencia. Un dolor punzante que se extendía desde su costado hasta cada terminación nerviosa de su cuerpo. Intentó abrir los ojos, pero sus párpados pesaban como si estuvieran hechos de plomo. El aroma a hierbas medicinales y sangre seca inundaba sus fosas nasales, mezclándose con otro olor más intenso, más familiar: el aroma a bosque y tormenta de Damián.
Cuando finalmente logró abrir los ojos, la luz tenue de unas velas iluminaba un