La luna llena se alzaba majestuosa sobre el claro del bosque, bañando con su luz plateada los cuerpos de los lobos que se congregaban para la ceremonia. Lilith permanecía apartada, observando desde la distancia cómo la manada se preparaba para el ritual. Su vestido blanco de seda se mecía suavemente con la brisa nocturna, contrastando con su cabello negro que caía como una cascada sobre sus hombros desnudos.
Tres semanas. Habían pasado tres semanas desde que él partió hacia los territorios del