El bosque temblaba bajo nuestros pies. Los aullidos de los cazadores, mezclados con los gritos de los Silenciosos y los rugidos de Kael y Darian, llenaban la noche de un caos casi tangible. El aire estaba cargado de electricidad, de poder antiguo, de muerte cercana. Cada hoja, cada rama, parecía vibrar con una energía que no pertenecía al mundo humano ni al territorio de los lobos comunes.
Mi corazón golpeaba con violencia contra mis costillas, y mi respiración se había vuelto irregular, corta,