Sebastián cierra la puerta detrás de él apenas entro en su abrazo. Pero no es un abrazo apretado, ni desesperado. Es uno medido, contenido, como si temiera que cualquier presión extra pudiera quebrarme por completo. Y tiene razón. Estoy tan frágil que incluso su respiración contra mi cabello parece demasiado real, demasiado fuerte.
—Estás temblando —murmura.
No puedo responder. Sé que si abro la boca solo saldría un sollozo seco, o palabras que no tienen contorno. Me aferro a su camiseta, sinti