Isabella corrió hacia el hospital, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza en su pecho. Cada segundo que pasaba lejos de su hija era una eternidad insostenible. Al llegar a la unidad de cuidados intensivos pediátricos, se detuvo frente al cristal grueso que la separaba físicamente de Eva, Isa no tenía acceso, pues este era un medio de proteger a la pequeña paciente, se encontraba totalmente entubada, y gravemente hospitalizada. La visión de su pequeña, conectada a un sinfín de máquinas, hizo