Dentro del avión, el aire era distinto: estéril, presurizado, casi demasiado limpio. Clara se sentó frente a Martín, sin quitarse la chaqueta ni la expresión de desconfianza. Las luces azules del panel iluminaban su rostro con un tono que parecía resaltar cada duda. La turbina comenzó a rugir, y el movimiento suave del despegue la obligó a sujetarse al apoyabrazos.
Martín observaba por la ventanilla. Su semblante, normalmente impenetrable, se había endurecido aún más. Cuando por fin habló, su v