Clara cerró la puerta del apartamento con el mismo cuidado con que alguien cierra la tapa de un ataúd: lento, preciso, decidido a no dejar indicios. El olor a perfume y a ambientador de la gala todavía flotaba en la ropa; se sacudió el abrigo, dejó el bolso sobre la mesa y observó la tarjeta del *Proyecto Lazarus* como quien mira un objeto extraño arrancado de un sueño. La foto de Carlos que Martín le había mostrado no la había dejado dormir; ahora la tarjeta era otra prueba del sinsentido: un