Capítulo 49 II Parte
El aire en la habitación olía a refrigerado silencio. Me quedé unos segundos más de lo necesario inerte, con los ojos fijos en las ventanas altas que dejaban filtrar una luz tenue y tenue sombra. Aquella nueva identidad —mi nuevo nombre, mi nuevo rostro, mi nueva vida construida con prisa y sigilo— me presionaba por todos lados. Pero sobre todo: llevaba conmigo el peso de haber decidido seguir a Isa. A la mujer que había sido mi amiga de la infancia, mi amor callado, y ahora mi confidente en una