Las noches se volvieron más tensas. Ella desconfiaba de todo, él intentaba mantener la calma, pero ambos sabían que cada movimiento podía ser el último.
Una noche, después de revisar los supuestos informes de *Centinela*, Isabella estalló.
—¡No podemos fiarnos de alguien que no conocemos! ¿Qué pasa si terminamos en una emboscada?
Sebastián la sujetó por los hombros, mirándola con intensidad.
—Isa, mírame. Yo no voy a dejar que nada te pase. Confía en mí.
Ella lo miró, con los ojos cargados de lá