El cambio no fue abrupto.
No hubo una decisión explícita ni una frase que marcara el punto de quiebre. Lo que ocurrió fue más sutil: Sebastián dejó de reaccionar y empezó a anticiparse. Dejó de esperar señales del pasado y comenzó a moverse como si ya las hubiera recibido.
Isabella lo notó antes de que pudiera explicarlo.
No por lo que decía, sino por lo que omitía.
Había una nueva cadencia en sus silencios. Un orden distinto en sus horarios. Llamadas que no respondía frente a ella. Miradas que