—¡¡No!! —gruñeron todos los hombres de la habitación.
—Les recuerdo que soy un agente al igual que ustedes —se queja.
—Lo sabemos —habla Esposito con suavidad—. Pero lamentablemente eres la que más riesgo corre dentro de ese club.
—Medina también corre riesgo —señala Noe.
—No te preocupes por mí, muñeca, sé cuidarme solo —bromea el aludido.
—No me preocupo por ti —entona con dientes apretados—. Ni me afligiría que te dieran un tiro en medio de la frente.
—Mientes muy mal —suelta con humor el mo