—Eres buena leyendo a las personas, ya sabías que él no era de fiar —indica Gaby acariciando con el dedo índice el cuello de la chica.
—Cuando las fotos terminaron y ese hombre acabó de inspeccionar a cada una de las chicas, se dio cuenta de mi presencia en ese sitio. Ladeando la cabeza, fue acercándose a mí y yo seguía pegándome más a la pared, pero era estúpido, no podía ir más lejos. Él se acercó hasta quedar en toda su altura sobre mí. Tomó un mechón de mi cabello con sus dedos y se lo llev