Luego de «no está segura cuanto tiempo pasó», el auto se detuvo enfrente de un gran portón que comenzó a abrirse para dejarles el paso.
—¿Dónde estamos? —curiosea recorriendo el lugar con la mirada.
—En mi casa —le contesta Ian sonriendo al ver el asombro en la joven.
—¿Tu casa? —Ian se carcajea y asiente con la cabeza—. ¿Y qué se supone que hacemos acá?
—Vas a cenar con nosotros —le hace saber.
Se apresura a bajar del auto, rodearlo y llegar a la puerta de su acompañante.
—¿Nosotros? —murmura