Tony dormía muy plácido, ocupando todo el espacio que le brindaba su cama hasta que alguien más ocupa parte de ese espacio obligándolo a acurrucarse. Soria o Nico como opta y obliga a los demás a llamarlo, se acomoda junto a él y, con suaves y delicados besos comienza a sacarlo de su profundo sueño. El boricua empieza a moverse cuan si fuera un gato cuando lo están acariciando y eso hace sonreír a Nico, pero no deja de hacer su acto para despertarlo.
—Es hora de levantarse —le susurra al oído.