Axel
Podía sentirlo. La sangre. La forma en que ardía desde mi pecho y se abría paso a través de mi boca. Llevaba días tosiéndola y, con cada violenta arcada, sabía, sabía que se me acababa el tiempo.
El antídoto había dejado de funcionar. Asher y Aiden habían hecho todo lo posible por salvarme, incluso después de que les rogara que no lo hicieran. Pero ya no quedaba esperanza. La sangre seguía saliendo, un oscuro y espantoso recordatorio de lo que me habían hecho. El veneno estaba ganando. Y y