Axel
No había dormido. Al menos, no de verdad. La tumba donde habíamos enterrado a Willow se cernía en mi mente toda la noche como un desafío tácito. Cada vez que cerraba los ojos, la imaginaba luchando bajo la tierra, extendiendo las manos, necesitándonos, y nosotros no estábamos allí. Las horas se hacían eternas, y ni siquiera la luz tranquilizadora de la luna lograba calmar la tormenta que se agitaba en mi interior.
Los demás no parecían estar mucho mejor. Aiden se quedó despierto afilando