Asher
La ira que ardía dentro de mí era como un incendio forestal, extendiéndose por cada vena y fibra de mi ser. Apreté los puños con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos, y apenas noté el dolor de mis uñas clavándose en las palmas de mis manos.
En el momento en que llevamos a Axel al hospital, apenas consciente y tosiendo sangre, vi el rostro de nuestro padre en el pasillo. Y su expresión... era vacía, casi desdeñosa, como si el estado de Axel fuera solo un pequeño inconveniente