Willow
El silencio en la casa se hacía más pesado que las paredes que nos oprimían. Todos parecían perdidos en sus propios pensamientos, agobiados por la incertidumbre de lo que estaba por venir. A medida que el día se alargaba, me encontré sentada con las piernas cruzadas en el suelo junto a Lina, en un rincón tranquilo de la casa. Sus ojos eran intensos, su voz firme, pero sus palabras eran como flechas afiladas dirigidas a mi corazón.
—Sabes que esto no es algo que puedas evitar, Willow —d