Willow
Las ramas me arañaban la piel mientras corría a toda velocidad por el bosque, con el aire frío de la noche quemándome los pulmones. Cada paso parecía que fuera a ser el último, pero no podía detenerme, no ahora, no cuando los hombres estaban tan cerca. El sonido de las pesadas botas pisoteando la maleza a mis espaldas bastaba para que un escalofrío me recorriera la espalda. Su persecución era implacable, despiadada.
Eché un vistazo a Ella y Daniel, a quienes uno de los hombres sujetaba