Movió apenas el cuerpo, y en ese gesto sintió el peso del brazo de Andy rodeando su abdomen. El contacto la paralizó, su respiración se detuvo y una oleada de calor le subió por el cuello. Durante unos segundos se quedó inmóvil, sin atreverse a reaccionar. Cuando por fin trató de liberarse, escuchó su voz ronca, aún cargada de sueño.
— Si sigues rozando tus nalgas contra mí te tomaré en la intimidad, preciosa, aunque si es lo que quieres será un gusto complacerla y estoy para servirle — Murmuró él, medio en broma, medio en provocación.
El tono desenfadado la sobresaltó. Andy deslizó su mano hasta su cadera, atrayéndola un poco más hacia sí, con esa mezcla de confianza y descaro que lo caracterizaba.
— ¿Qué crees que haces? — Dijo ella con voz temblorosa, entre sorpresa y enojo.
Andy respondió solo con un beso suave en su hombro antes de hacerla girar para mirarla. Sus dedos rozaron su rostro con una delicadeza inesperada, como quien acaricia los pétalos de una rosa.
— Disfruto mucho d