Movió apenas el cuerpo, y en ese gesto sintió el peso del brazo de Andy rodeando su abdomen. El contacto la paralizó, su respiración se detuvo y una oleada de calor le subió por el cuello. Durante unos segundos se quedó inmóvil, sin atreverse a reaccionar. Cuando por fin trató de liberarse, escuchó su voz ronca, aún cargada de sueño.
— Si sigues rozando tus nalgas contra mí te tomaré en la intimidad, preciosa, aunque si es lo que quieres será un gusto complacerla y estoy para servirle — Murmuró