—Sí… tienes razón — Respondió ella, bajando la voz.
A su alrededor, los demás los miraban con extrañeza, observando cómo la tensión entre ellos se disolvía lentamente, transformándose en algo más cálido, más real… algo que ni siquiera las alas perdidas podían detener.
El murmullo del centro se apagó cuando un pequeño grupo se acercó. Kurt, Kiribati, Cristy y Tiari avanzaban con pasos inseguros, las manos entrelazadas, la culpa reflejada en los ojos. La sonrisa de Seina se desvaneció al verlos.
—