Elena llamó a la puerta varias veces hasta que Sam finalmente le abrió. Lucía pantalones cortos y una camiseta negra. Caminó por delante de ella, invitándola a pasar y acomodarse en la sala de estar.
—Creo que Hans ya lo sabe —comentó Elena, observando a Sam regresar con dos bebidas en la mano. El hombre era verdaderamente servicial; cada vez que Elena iba de visita, jamás faltaban las bebidas y algo para picar. Parecía que no concebía una conversación sin tener algo enfrente.
—¿Sabías que fue