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Hans se separó de golpe en cuanto fue consciente de lo que estaba haciendo. Tenía que estar loco. Besarla así, tan de repente, otra vez. ¿Y si ella volvía a apartarse como la última vez?

*Por favor, Hans. Prometiste no presionar a Aria. ¡Mierda!* Toda la culpa la tenía ese rostro tan hermoso. Era una tentación tan grande que Hans perdía el control cada vez que la tenía cerca. Especialmente cuando el ambiente se prestaba para ello. Le costaba horrores contenerse.

—Lo siento, Aria. Me dejé llevar
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