Aria se masajeó las sienes pulsantes. Resultaba que la música jazz que sonaba en el lugar no había sido capaz de calmar su mente desde que llegó.
—¡Maldición! ¿Por qué vine a este lugar? —refunfuñó, pareciendo arrepentirse de haber terminado ahí. Aria debió haberse ido directo a casa a dormir cómodamente. Todo esto fue por seguir el consejo de su amiga; ese de que si te sientes estresada, un lugar concurrido como este café tipo club es el mejor sitio.
¡Tonterías! Aria no se sentía así en absolu