Antes de que Hans despertara, Viona ya había ido a echarle un ojo varias veces.
—Ay, por Dios, Hans, ¿todavía no te levantas? —dijo Viona, parándose de jarras mientras lo miraba sepultado bajo su enorme y gruesa cobija. Esta era ya la quinta vez que entraba a intentar despertarlo.
En realidad, no tenía ningún caso que insistiera; el tipo todavía traía todo el alcohol encima. Lo mejor era dejar que despertara cuando se le diera la gana. Además, Viona ya estaba harta de andar de arriba abajo en e