Hans se quedó inmóvil, mirando a Viona con ansiedad. Se moría de la curiosidad por saber qué carajos había dicho para que ella se burlara así de él.
Pero si preguntaba, su orgullo saldría herido. Típico de un hombre con el ego tan absurdamente inflado.
—¿Quieres saber qué me dijiste anoche? —le preguntó Viona, desafiándolo con la mirada.
—N-no.
¡Mírenlo! Viona misma se estaba ofreciendo a contarle y el tipo todavía se negaba. Incluso en una situación tan crítica, tenía que mantener la postura.