Elena estaba a punto de marcharse, pero Jayden la sujetó de la mano con fuerza. Ella no se giró, y el agarre de él se volvió aún más firme.
—¡Ah! ¡Jayden, suéltame! —Elena se dio la vuelta, sintiendo el dolor punzante en su muñeca.
Sin embargo, el grito se le murió en la garganta al ver a Jayden. Sus ojos, antes fríos y calculadores, estaban anegados en lágrimas.
—Jayden, tú... —susurró Elena, quedándose sin palabras. Era la primera vez que lo veía llorar. Él era el hombre más fuerte que conocí