ELIZABETH WINTER
La puerta del baño se abrió, liberando una nube de vapor caliente y perfumado que se mezcló con el aire fresco de la habitación del hotel.
Yo estaba parada cerca de la cama, sintiendo la alfombra suave bajo mis pies descalzos, esperando. El día había sido una montaña rusa de emociones espirituales y románticas, pero ahora, con el sol oculto y las luces de Bangkok encendidas afuera, la santidad del templo parecía haber quedado atrás, dando paso a una devoción mucho más carnal.
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